Las emociones tienen imágenes conceptuales y respuestas pre-establecidas,  aprendidas, pre – aceptadas. Por eso a una emoción determinada, le corresponde una reacción concreta, los llamados impulsos, que tienen una inteligencia del mundo factico, que es su techo.

Pero desde el perceptor interior, nuestro sagrado intimo, podemos modificar estas respuestas haciéndolas más tolerantes, transformando el miedo, por ejemplo, en precaución. El sensor del miedo pone nuestro organismo en alerta, se disparan sustancias adrenales que optimizan nuestro cuerpo para la acción, y en el caso de ser atacados el miedo nos ayuda a huir. Pero no siempre hay que huir. A veces hay que enfrentarse a las situaciones, y el sensor miedo nos ayuda a estar alertas y precavidos.

Si le damos a la emoción inteligencia, ésta genera una respuesta emocional más evolucionada. Si bien la emoción del miedo como sensor interior sigue estando, la respuesta de esta emoción ya no será una decisión ciega, o un impulso automático, sino la clara decisión del camino a intentar.

 

Si no se intenta

No se logra.

De una manera u otra la muerte

nos alcanzara.

Pero el intento impecable

transforma el hecho permanente

de poder morir a cada paso, en una posibilidad,

donde el soldado interior, desde su amor,

siembra el valor de ser y expresar

su Arte.

 

Es necesario el intento de religar la sociedad humana, desde elementos afectivos de mayor calidad, poniendo inteligencia a nuestras respuestas al medio. Si tomamos consciencia de que pertenecemos a una entidad mayor, “sociedad”, para hacer que esta evolucione nos toca a cada uno dar una respuesta hábil con verdaderos gestos de concordia. Este religar no excluye a nadie ya que todos somos uno, y este Uno tiene un propósito adecuado en los distintos grados de manifestación del universo todo.

El intento del arte de la música por ejemplo, que desde los genios de todas las épocas hasta ahora, tienen sus sentires particulares, nos hacen percibir el ambiente psico – emocional de cada tiempo, por medio de imágenes sonoras. En estos sonidos están cargadas las imágenes emocionales, los modos de pensar, componer y expresar los sentimientos y estética de cada músico y compositor.

Además podemos percibir un hilo que unifica y religa estas composiciones, tanto sea la obra de un mismo compositor o las obras de muchos compositores a través del tiempo. Estos hilos son las loas a lo sublime, que por medio de las armonías que cada autor encuentra en su interior, comunica su arte al mundo mediante la interpretación de una realidad superior.

Las imágenes psíquicas de las obras de los genios de la música y de la música sincera  movilizan el corazón humano hacia lo sublime y lo elevan por medio de la belleza y el amor.

El arte mismo es este hilo conductor de encuentro, que unifica la música en una sola expresión, y en sí misma un gran camino hacia el encuentro y conocimiento de nuestro sagrado intimo.

Escuchar música es cultura emocional, nos abre la cabeza y el corazón, nos alimenta el alma, con otros puntos de vista mediante el conocimiento del sentir e inteligencia que la creo.

 

Abramos el corazón

Para que nuestra presencia interior

Se exprese.

 

Cada sensor emocional tiene asociada una imagen de respuesta más o menos evolucionada, que aprendemos del sistema general preponderante. Es como un estándar emocional generalizado que tiene muchos matices y dependen del grado de percepción de cada uno, en el medio o mundo que le toca vivir, esto hace a su moral particular.

La moral humana con sus leyes tiene un asidero en lo que podríamos llamar la moral superior, que son un conjunto de descripciones de la realidad de un grado mayor (palabra de Dios), que ha llegado a nosotros por medio de seres especiales que han podido trascender el egoísmo propio del ser humano y contactar con un lugar interior que todos tenemos pero no conocemos.

Este lugar interior está dentro de nuestro corazón, es el centro luminoso de nuestro ser, nuestro sol, centro del amor. Es allí donde seres como Jesús, el Buda, Krisna, Mahoma y tantos otros que en el silencio de la historia se han iluminado, se han conectado a su propia parcela divina trayendo de allí imágenes más inteligentes que asisten a nuestro conocimiento de la moral superior, dándole a la estructura emocional la posibilidad de una respuesta adecuada, mas amorosa y por ende más luminosa.

Estas imágenes emocionales impregnadas por una inteligencia libre de duda y egoísmo asisten a nuestras respuestas emocionales que están condicionadas por el apego al mundo factico y su descripción de la realidad basada en el miedo.

 

Si moramos en el

amor

lo que llamamos moral es libertad

 el límite entre el tú y el yo, se establece desde la armonía,

ya que todos somos entidades que vivimos en este amor.

Si moramos en el apego

la moral genera una separación

lo tuyo y lo mío aparece

el límite se hace necesario

y con ello el dogma.