Hace mucho he sentido la necesidad de escribir un post en el que poder compartir pensamientos e imágenes interiores surgidas de mi experiencia como músico, profesión a la que llevo dedicado en cuerpo y alma durante más de 46 años, así como del estudio y reflexión del hecho artístico.

Voy a plantear una visión metafísica de la música, como lo hacían en la antigüedad, tratando de compartir los conocimientos más simples de las notas, las escalas, melodías, etc., con pensamientos de los grandes músicos y estudiosos de todas las épocas, que unificaban la armonía de la Música con la de todo el universo, visible e invisible, y lo relacionaban con el mundo de la arquitectura, de la naturaleza, como también con la vida humana. Beethoven decía: “La arquitectura es una música de piedra y la música una arquitectura de sonidos”.

También  quiero describir la relación de las escalas con las letras y palabras de los idiomas patriarcales, lo cual nos lleva a desmenuzar la múúsica hasta el origen y los símbolos que la componen haciendo de ésta el gran arte de expresión humana.

Pero a la hora de proponerme sintetizar el proceso cognitivo que en el ser humano dio lugar al nacimiento de la música, como la conocemos actualmente, es difícil encontrar palabras e imágenes que me ayuden a trasmitir lo que quiero expresar.

 

La música es un Arte

Sobre todo decir que la música es un arte, el arte de SER en el presente individual; presente tanto del músico como de aquellos que participan como espectadores, logrando enriquecerse unos a otros, con la magia de un momento especial.

La acción musical la podemos dividir en dos grandes ramas, que tienen que ver con los hemisferios cerebrales: izquierdo y derecho. Con el hemisferio izquierdo, con la razón y la lógica, el músico estudia los elementos físicos e intelectuales de la música, lo cual lleva años de estudio de técnicas de interpretación de instrumentos, lectura, práctica de escenario, armonía, afinación, ritmo, etc. El hemisferio derecho es el encargado del mundo interior del artista: emocional, mental y espiritual; y con esto, el manejo de la expresión del alma, producto del conocimiento de (el recuerdo de nuestro Sagrado Íntimo).

Primitivamente  la música era rudimentaria en lo que se refiere a lo que llamamos razón o intelectualización de la música: escalas de números simples y armónicos, que eran agradables para el oído humano, y quizás dos o tres sonidos bastaban. Pero en cuanto a las emociones, las expresiones eran muy ricas, incitando a danzar, a relacionarse sexualmente y a cánticos religiosos; estos seres primitivos se unían en pequeños poblados con un mismo sentido de vida, con códigos  morales dictados por sus chamanes, que eran los que comunicaban con el mundo de los dioses y las fuerzas de la naturaleza.

 

La conexión del músico

El músico, con los ritmos particulares del propio corazón y a través de los sonidos, conectaba con sus congéneres, dando imágenes sonoro-emocionales que eran capaces de modular sus sentimientos. Esto hacía posible que el corazón del músico diera información sensitiva a los comprometidos con el hecho musical  en su presente particular.

Estas imágenes emocionales tienen la posibilidad de ser interpretadas (descriptas) desde el intelecto (razón) pero, en definitiva, esto es como esbozar el dibujo de una imagen de la naturaleza (tridimensional) sobre un lienzo (bidimensional); por lo tanto, desde la razón, para poder describir en profundidad la imagen sonoro-emocional que un músico brinda a su público, tendrían que escribirse libros de miles de páginas.

Cuando en el compositor se genera una imagen sonora que proviene de su imaginación creativa, llamada composición musical, está claro que delimitar las partes más importantes de la composición imaginativa es un gran adelanto, necesario para la comprensión de la información que se nos presenta como imagen. La escritura de la Música, por ejemplo, fue un adelanto muy grande, y actualmente podemos recrear obras antiguas con el sonido de la época, así como también, trasladar con veracidad la identidad de ese momento histórico. Claro está que la escritura de una obra musical no es la música: la música es un hecho vivo del presente.

En función del grado de conexión interior del músico, así como del momento del film de la vida de la persona, la música generada desde su corazón-mente propone imágenes sensitivas y ondas de forma adecuadas a su presente. Generalmente decimos en estos casos, que el músico está inspirado o que ha conectado con sus musas.

Las ondas más evolucionadas son las de Amor incondicional, Armónicas, Afines. Las menos evolucionadas son las de Apego, Afanes y Acuerdos. Depende de donde esté la Atención de la   mente del músico, su corazón ecualiza y proyecta una u otra imagen; y esto ocurre con cualquier obra y estilo musical, al tiempo que la interpretación de la misma obra puede dar a momentos diferentes según el estado de ánimo del músico. Si el poder de atención de la mente se posa sobre el amor, su corazón podrá expresar distintos grados de amor generando, por ejemplo,  alegría (aunque la música sea un adagio): la alegría de comprender. Si el espectador está abierto de corazón, conectará con el mismo grado del músico.

Si la atención se posa sobre el apego, todo se limita, se contrae. Lo mío y lo tuyo aparece: hay separación como creencia. La expresión se hace ecoica.

Por último, indicar que este universo esta creado en función del gran principio del triangulo o ley de tres y que tiene una estructura armónica basada en la ley de siete, que es cíclica y base de toda función asociada a lo creado, desde el átomo a las galáxias.

La relación entre las partes se basa en la Resonancia, y así también ocurre en la Música. La Armonía musical es un principio basico de la mente del TODO; sus intervalos son manifestaciones perfectas que hacen a la belleza, medibles matemáticamente. Por medio de la Afinación, cada uno tiene su lugar, su nota particular, parte de una familia Armónica exclusiva. Y éstas escalas, unidas en familias Armónicas mayores, por medio del Amor, principio equilibrante, en el tiempo a través del Ritmo.