Las Personas tenemos Alma y Personalidad….

Las Familias tienen Alma y Personalidad….

Las Poblaciones tienen Alma y Personalidad….

Las Naciones tienen Alma y Personalidad….

Pero estamos todos dentro de un planeta

con gran Alma y Personalidad que nos aúna a todos,

y solo es un grano de arena flotando en la inmensidad.

 

Amar la variedad amplía nuestra mente. Tenemos que trabajar la capacidad de sorprendernos como se sorprende el niño, que es abierto a lo que se le presenta, se enciende, y aprende. Cuando creemos que lo hemos visto todo nos cerramos, ya no miramos, perdemos la capacidad de experimentar el presente, perdemos la capacidad de sorprendernos y aceptar al otro en su manifestación de Si.

Cuando hablamos de cultura (cultivar la realidad armónica y aceptada), que es el Alma de los pueblos, hablamos de aquella inteligencia que le da forma y descripción al mundo en que vivimos y nos toca experimentar, en algún lugar particular de nuestro planeta, con sus normas físicas, morales e intelectuales que son base para la convivencia en paz y armonía de una sociedad, un modo de ser.

Nacemos con un rasero propio, un punto de partida personal y único, este “ra” personal tiene la capacidad, en potencia, de desarrollar y aprender la cultura de donde nace, haciendo crecer su rasero y lograr un óptimo de acuerdo con el “ra”  del sistema general, que es el legado de miles de años de evolución y optimización. Cargar esta información cultural nos hace aptos para participar activamente en una sociedad particular con sus sentires y forma de hacer.

Cada cultura tiene ciencia, religión, filosofía y arte, por lo tanto una expresión clara de la esencia interior de su espíritu manifestándose en una realidad física y personal.

Las culturas han nacido de la evolución, son progresivas, crecen, y es por eso que si nos aferramos a condiciones culturales particulares, que por el cambio de los tiempos se dejan ver que son obsoletas, matamos la esencia de la cultura que es elevar el rasero de la descripción de la realidad en beneficio de la totalidad.

La esencia de la cultura es elevar el rasero de la descripción de la realidad, en beneficio de la totalidad.

De nada sirve una ciencia que no tenga al ser humano y su bienestar como centro; de nada sirve una religión que no religue teniendo en vista al ser humano planetario; de nada sirve una filosofía que no hable de paz y amor; de nada sirve un arte que no inunde de espíritu estético la imaginación del hombre generando la necesidad de trabajar en pro de la belleza con impecabilidad.

De nada sirve un arte que no inunde de espíritu estético la imaginación del hombre generando la necesidad de trabajar en pro de la belleza con impecabilidad.

Cuando el ánimo del arte anima los corazones de los hombres y mujeres, la cultura crece, sorprende, evoluciona desde la libertad y aprende a aceptar la estética de cada uno, la estética de las familias, la estética de los pueblos, y esto nos hace conscientes de que esta aparente diferencia no son más que pequeñas pinceladas dentro de un lienzo magnifico que es el gran rostro de la familia humana en un planeta llamado tierra.

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Tenemos que lograr, como especie humana, una cultura global que acepte e integre a todas las culturas regionales del planeta tierra, dándole una respuesta hábil desde un grado más amoroso, agrandando nuestro ratio de comprensión y sabiendo que somos una aldea global viajando en el universo, que el ser humano tiene solo a otro ser humano que lo socorra, que las culturas regionales o nacionales son expresión pura de su lugar en la tierra, su cultura particular, que hace al acontecer de la variedad, y que el cantar a la belleza de su tradición enriquezca a la totalidad.

Si miráramos a nuestro planeta desde el espacio y pudiéramos ver a cada cultura como un color particular nos sorprenderíamos de ver que entre todos los colores formamos la luz blanca de una consciencia unificada única en el universo todo, llamada humanidad.