El juego equilibra el ego, lo jala, lo eleva hasta el punto justo donde la razón se conecta con el corazón, llenando a la primera de creatividad, para después inundarla de imaginación y abrirse camino, concibiendo en sí mismo, lo que son los sentimientos que nos unifican con el otro, por medio de la emoción. Enseñar jugando, para crecer en equilibrio.

INLAKECH, dicen los Mayas, cuando se saludan “Tú eres otro Yo” –significa-. Comprender esto nos lleva a que la acción del corazón, aunada con la razón, nos acciona.

Así es también que, en los pueblos árabes, su saludo, que es con movimiento de las manos, señalando primero el corazón, segundo la frente y, para terminar, un ademán con la acción de dar, con sus manos abiertas. Si queremos, podemos hacer la siguiente interpretación: si hay corazón limpio, si hay pensar limpio, la acción también es limpia; inversamente, cuando el corazón y el pensar son turbios, la acción de la mano también lo será.

 

¿Quién no ha jugado?

Todos hemos jugado, jugando aprendimos a ser solo siendo. El jugar es una reabsorción en sí, en el tiempo presente, donde nos convertimos en lo pensado – sentido, esta abstracción que logra el ser, es la conexión con nuestro yo observador, el que somos, observa y crea acontecimientos ficticios para otros, pero muy reales para él o ellos, los que están implicados en el juego, los actores, que son libres de decidir si juegan o no, a cada momento de éste.

¿Recordáis al señor Spok y a su nave Enterprise? En su mundo no se jugaba, era un mundo de pura lógica, de una impecabilidad perfecta, en lo que a ésta se refería, pero el emocional capitán Kirk, casi impulsivo, sacaba las castañas del fuego, porque podía co-razonar. Pensar un mundo donde el espíritu de juego no exista, es pensar en un mundo triste, limitado, también lo dijo Jesús Cristo, “si no eres como un niño en tu corazón, no entraras al reino de los cielos”.

En el juego hay incertidumbre, esto es que es variable en el tiempo, creativa, hay convenio -no necesariamente verbal-, hay afinidad y fundamentalmente desapego a los resultados. Deepak Chopra, en su libro las 7 leyes espirituales del éxito dice:

 

“La sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior. Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo”

 

Jugando se armoniza el alma

En el juego hay armonía, si bien, aunque a veces esta armonía se ve truncada por emociones, como el enfado, la ira, o cualquier emoción negativa que surja, y en base a la libertad, estas expresiones basadas en el principio de equilibrio, sirven para restablecer dicha armonía, como la disonancia de la séptima nota, que llamamos tensión, resuelve en la tónica. Jugando se armoniza el alma.

Es una acción amorosa, trasciende las limitaciones de las personalidades, haciéndolas a todas una en el juego, podemos jugar con cualquier persona en el mundo, sin importar idioma o creencia.

La mente que se da en el juego es una mente meditativa, relajada, libre, el YO percibe desde afuera, observa y crea desde el ALMEN o alma, una mente mayor. El YO, que se refleja en el SOY… todo es mente, desde que el principio creador se manifestó como centro de una idea, la del universo.

“Como dos aves doradas posadas en el mismo árbol, el ego y el yo, íntimos amigos, viven en el mismo cuerpo. El primero come los frutos dulces y amargos del árbol de la vida, mientras que el segundo observa con indiferencia”. Upanishad Mund

 

Desde este concepto y jugando con las palabras, el ARTE aparece como cuatro siglas, que dicen: Acción, Rectificadora, por Tiempo, Especial, de la mente por medio del juego:

Ánimo

Realizador

Talento

Estético

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